miércoles, octubre 10, 2018

Yara, primer bautismo de fuego de Céspedes

Hace 150 años, en la noche del 11 de octubre de 1868, poco más de 24 horas después del alzamiento de La Damajagua, llegó Carlos Manuel de Céspedes con su bisoña tropa independentista  al poblado de Yara, de unos 600 habitantes, donde radicaba una pequeña guarnición de soldados colonialistas que no contaban con fortificaciones para su defensa.

Céspedes envió emisarios a que se entrevistasen con el jefe de la plaza, el Capitán Riera, para que no ofreciera resistencia a la entrada de la tropa cubana al poblado, el cual aceptó inmediatamente la proposición pues sabía que por el camino de Bayamo a Yara avanzaba una columna española que se encargaría de enfrentar a los insurrectos, malamente armados y desconocedores de la más elemental disciplina militar.

La entrada de los independentistas a Yara se hizo de forma triunfal dando gritos de ¡Viva Cuba libre!, mientras que la columna española, que ya había llegado al poblado, se emboscó en la iglesia y en los portales de la plaza pública recibiendo a los rebeldes con cerradas descargas de fusilería, casi a boca de jarro.

El inesperado ataque de los soldados colonialistas provocó la rápida dispersión de los cubanos en todas las direcciones. Teniendo en cuenta la superioridad numérica del enemigo, Céspedes se vio obligado a ordenar la retirada de su inexperta tropa.

Es célebre la anécdota histórica de que ante este primer fracaso, Carlos Manuel de Céspedes reunido con un reducido grupo de once compatriotas escuchó la frase derrotista de: “¡Todo está perdido!”, y alzando su voz impetuosa expresó: “Quedan 12 hombres, bastan para hacer la independencia de Cuba”.

Después de sufrir su primera derrota en Yara, Céspedes se dedicó a reorganizar su fuerza dispersa y al amanecer del siguiente día, 12 de octubre, se reunión en el lugar conocido por las Sabanas de Cabagán, con un valioso refuerzo de 300 hombres encabezados por el dominicano Luis Marcano poseedor de conocimientos militares, quien fue nombrado jefe de operaciones con el grado de Teniente General.

Pronto aquel primer gran revés de Yara se convertiría en la primera gran victoria de la revolución con la toma de Bayamo nueve días después, pero sobre todo, las llamas de la revolución de La Demajagua se extendieron pronto a todo el Oriente cubano, que secundó el grito de ¡Independencia o Muerte! dado por Carlos Manuel de Céspedes al amanecer del glorioso 10 de octubre de 1


868.

jueves, julio 19, 2018

Ramón López Peña, símbolo de la valerosa fuerza en la frontera

En la tarde-noche del 19 de julio de 1964 el joven soldado Ramón López Peña asumió la guardia en la posta número 44 del perímetro fronterizo que separa al territorio cubano del que ilegalmente ocupa la Base Naval norteamericana de Guantánamo.

A las 7 y siete minutos de esa tarde noche, un proyectil disparado desde la parte yanqui de la base penetró por la aspillera de  la casamata donde realizaba su guardia dejando sin vida al joven combatiente quien apenas tenia 17 años de edad.

López Peña había nacido en 1946 en Puerto Padre en la actual provincia de Las Tunas donde sólo pudo estudiar hasta el cuarto grado al tener que dedicarse a las labores del campo para ayudar a sus padres y numerosos hermanos de los cuales era el mayor.

Como otros miles de jóvenes cubanos después de permanecer un tiempo en las milicias nacionales, López Peña fue escogido para que cumpliera su deber patriótico en las Fuerzas Armadas Revolucionarias y luego de un período en la División 50 de Mangos de Baraguá y de haber tomado parte en la lucha contra bandidos, fue elegido para integrar el glorioso Batallón Fronterizo de las FAR, en Caimanera, en la provincia de Guantánamo.

En esa unidad López Peña se destacó como combatiente ejemplar por lo que cuatro días antes de su muerte se le inició el proceso como militante de la Unión de Jóvenes Comunistas de esa gran unidad, por donde comenzó a constituirse esa organización política en las FAR.

Su cadáver fue velado en un primer momento en Santiago de Cuba, donde más de 50 mil hijos de esta ciudad, le rindieron el merecido homenaje a este joven cubano víctima del terrorismo practicado desde la Base Naval de Guantánamo. Posteriormente fue trasladado a su natal Puerto Padre donde fue sepultado.

El Ministro de las FAR, el entonces Comandante Raúl Castro Ruz, entregó a Andrés, el padre del combatiente caído, el carné de militante de la UJC, primero que obtuvo ese alto honor en las FAR, por su vida ejemplar y su muerte heroica en defensa de la Patria.

54 años después de su muerte, el recuerdo de este soldado fronterizo se hace vigente cada día en esa gloriosa unidad de nuestras Gloriosas Fuerzas Armadas Revolucionarias, donde los soldados más sobresalientes integran la Vanguardia Combativa, que lleva el nombre del joven mártir Ramón López Peña.

lunes, julio 02, 2018

Juan Manuel Márquez: revolucionario a toda prueba

El 3 de julio de 1915, hace hoy 103 años nació en la barriada habanera de Marianao Juan Manuel Márquez, periodista y revolucionario que combatió contra la tiranía de Gerardo Machado derrocado por una Huelga General en agosto de 1933.

Consecuente con sus principios Márquez se opuso también al golpe de estado que encabezó el general Fulgencio Batista, el 10 de marzo de 1952 y a partir de ese momento se incorporó a la lucha para derrocarla.

En junio de 1955 Juan Manuel Márquez fue golpeado salvajemente por esbirros de la tiranía batistiana y en la clínica donde se encontraba convaleciente fue visitado por el Dr. Fidel Castro.

A partir de ese momento, se incorporó al recién creado movimiento 26 de Julio, quien decidió trasladarlo fuera de su país para trabajar en la organización de una nueva etapa de lucha.

En Estados Unidos y Méjico, se mantuvo muy cerca de Fidel viajando por varios estados de la Unión Norteamericana, recaudando fondos y organizando los emigrados para la lucha futura.

Al partir de Méjico, el Yate Granma Juan Manuel Márquez viajó en él como Segundo  Jefe de la Expedición y luego del desembarco y de la emboscada de Alegría de Pío, quedó solo vagando por la zona, hasta que el 15 de diciembre de 1956 fue capturado y asesinado por fuerzas del régimen dictatorial.

Al conmemorarse este 3 de julio el aniversario 103 del natalicio de Juan Manuel Márquez se le recuerda como lo que fue, un periodista leal a su profesión, un revolucionario fiel a sus principios de justicia social.

lunes, junio 25, 2018

Un héroe que valía por muchos

Los cubanos y particularmente los santiagueros estamos recordando hoy el aniversario 177 del natalicio del Mayor General Guillermón Moncada, el héroe de nuestras tres guerras independentistas y de quien José Martí dijo que era “alto en todo”

Guillermón nació el 25 de junio de 1841 en la humilde barriada de Los Hoyos, en Santiago de Cuba, y apenas pudo asistir al colegio por su condición de negro y pobre, teniéndose que dedicar desde muy temprana edad al oficio de carpintero-aserradero.

Tenía 27 años cuando estalló la primera gesta independentista cubana el 10 de octubre de 1868, siendo de los primeros en incorporarse a la gesta donde por su valentía alcanzó pronto grados militares y al término de la misma en 1878, ya era Brigadier.

Moncada estuvo entre los cubanos dignos que el 15 de marzo de 1878 acompañaron al Titán de Bronce en la Protesta de Baraguá por el oneroso Pacto del Zanjón, oportunidad en la que Guillermón expresó: “No podemos admitir nunca la paz que bajo condición tan humillante y ridícula nos brindan los españoles”

En consecuencia con ese pensamiento fue que al estallar la Guerra Chiquita en agosto de 1879 Guillermón volvió de nuevo a la manigua como uno de los jefes del movimiento y con el grado de Mayor General. Sin embargo, tras el fracaso de esta breve contienda, Moncada fue hecho prisionero y enviado a Islas Baleares de donde regresó en 1886, aunque ya enfermo de tuberculosis.

No obstante este prestigioso revolucionario santiaguero continuó conspirando contra España, siendo designado Jefe de Oriente al reiniciarse la gesta independentista el 24 de febrero de 1895, tomando nuevamente el camino de la manigua a pesar de saberse enfermo de muerte, cumpliendo con la misión que se le había asignado de encender la llama de la guerra y mantenerla viva hasta el regreso a la isla de los hermanos Maceo, Martí y Máximo Gómez.


Sin embargo, el 5 de abril de 1895, a poco más de un mes de iniciada la lucha independentista el Mayor General Guillermón Moncada fallecía y con su muerte la Revolución Cubana perdía a uno de sus más capaces jefes militares y la guerra a uno de sus más extraordinarios combatientes.
Así recordamos hoy a este extraordinario cubano que, como dijera el Generalísimo Máximo Gómez, “valía por muchos”

domingo, mayo 27, 2018

Exhumación del cadáver de Martí en Santa Ifigenia

Un día como hoy 27 de mayo, pero de 1895 fue sepultado en el cementerio Santa Ifigenia, de Santiago de Cuba, el cadáver del Apóstol de la independencia de Cuba José Martí Pérez, muerto en un combate que tuvo lugar en Boca de Dos Ríos, Oriente, contra una columna española al mando del Coronel Ximénez de Sandoval.

A pesar de los esfuerzos realizados personalmente por el Generalísimo Máximo Gómez, el cadáver de Martí no pudo ser rescatado de manos españolas, y al siguiente día 20 de mayo, fue inhumado por primera vez en el Cementerio de Remanganagua, localidad próxima a Palma Soriano, en la tierra viva y casi desnudo, cubierto sólo con los pantalones.

Como ha de suponerse, la muerte de Martí causó júbilo en Madrid y los medios de prensa colonialistas publicaban titulares manifestando su complacencia por el hecho, ya que muerto el titulado Presidente cubano, que era el alma de la insurrección, le sería más fácil a las tropas colonialistas vencer a los mambises y desmoralizarlos.

Suponiendo que muchos en el exterior no creerían en la caída de Martí el General Salcedo, Jefe de la Plaza Militar de Santiago y de toda la provincia de Oriente, ordenó a Jiménez de Sandoval trasladar a esta ciudad el cadáver del Héroe embalsamado asegurando que aquí sería enterrado, “con el respeto que merece todo muerto”

De ahí que los restos del Apóstol fueran exhumados del cementerio de Remanganagua y trasladados desde esta localidad a Palma Soriano, donde fue expuesto públicamente varias horas en el Parque Central, y más tarde, fue llevado a San Luis desde donde partiría por la vía férrea hasta Santiago de Cuba bajo una fuerte custodia de tropas coloniales, llegando a la capital provincial en la noche del 26 de mayo.

Fue así como en la mañana del 27 de mayo de 1895 los restos de José Martí fueron inhumados por segunda vez en el nicho 134 de la Galería Sur en la necrópolis santiaguera, no sin que antes dos prestigiosos cubanos, Antonio Bravo Correoso y Joaquín Castillo Duany, a solicitud propia, fueran autorizados a verificar la identidad del cadáver de nuestro Apóstol corroborando que efectivamente era ese el que recibiría sepultura, mientras que un fotógrafo dejó constancia gráfica del cuerpo de Martí en el sencillo ataúd en que fue enterrado.

Los restos del Apóstol se mantuvieron en el nicho 134 del cementerio santiaguero hasta 1907 cuando fueron trasladados a un pequeño templete erigido en el mismo lugar, donde permanecieron hasta el 31 de junio de 1951 cuando fueron depositados en el actual Mausoleo, donde un pensamiento de su hermano de batallas, Máximo Gómez reza: “Duerme en paz compatriota y amigo querido, que yo digo de ti lo que la historia ha dicho del héroe griego: bajo el cielo azul de tu patria no hay una tumba más gloriosa que la tuya”. Así será por siempre.