Sin ser un hombre netamente de acción, José Martí echó sobre sus hombros
la gigantesca tarea de reorganizar el reinicio de la lucha en la Isla, a
la que llamó "La Guerra Necesaria", para arrancarle al colonialismo
español la independencia como única solución para conquistarla.
Pero
Martí tenía un gran sentido moral del deber y jamás eludió la
responsabilidad de ponerse al frente de la guerra, muy a pesar de lo que
le recomendaban otros patriotas y amigos, que su lugar de combate
estaba en el extranjero, precisamente por ser él un hombre no habituado a
los avatares de una confrontación en la manigua.
En ese sentido,
José Martí señalaba: "El hombre de actos solo respeta al hombre de
actos. El que ha encarado mil veces la muerte y llegó a conocerle la
hermosura, no acata ni puede acatar la autoridad de los que le temen a
la muerte"
Honrando esas palabras, es que el 11 de abril de 1895,
José Martí junto a Máximo Gómez y otra veintena de patriotas,
desembarca por Playitas de Cajobabo, en la región de Guantánamo, para
sumarse a la guerra, que ya se había reiniciado en la isla desde el 24
de febrero de ese año con el Grito de Baire.
Al contrario de lo
que le había sucedido a la expedición de Flor Crombet y los hermanos
Antonio y José Maceo, quienes tuvieron que combatir tras el desembarco
días antes por Baracoa, José Martí y Máximo Gómez no afrontaron mayores
dificultades para entrar en la Isla sin ser descubiertos y pudieron
moverse rápidamente por la región en busca de las huestes mambisas.
Cuentan
que por esos días de abril de 1895 José Martí estaba muy contento, como
niño con juguete nuevo, porque se encontraba de nuevo en la Patria y se
cumplía su gran anhelo de incorporarse a la guerra, para reafirmar lo
que había dicho: "La razón si quiere guiar, tiene que entrar en la
caballería y morir para que la respeten los que saben morir"
A
118 años del desembarco de José Martí y Máximo Gómez por Playitas de
Cajobabo, recordemos ese hecho con la enseñanza que nos dejó: un
revolucionario jamás puede eludir el deber de luchar por la Revolución y
defenderla hasta sus últimas consecuencias.
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jueves, abril 11, 2013
jueves, marzo 25, 2010
A 115 años del Manifiesto de Montecristi
Por Margarita Piedra Cesar
En una humilde y rústica casita de madera y zinc en la localidad de Montecristi, República Dominicana, el 25 de marzo de 1895, José Martí y Máximo Gómez, firmaron e hicieron público uno de los más importantes documentos devenido en piedra angular programática de la Revolución de 1895, iniciada en la isla el 24 de febrero de ese año con el Grito de Baire.
Ese documento, dirigido por el Partido Revolucionario Cubano al pueblo de la isla y conocido históricamente por el Manifiesto de Montecristi, hace hincapié en las razones que justifican y exigían la independencia de Cuba, en tanto que destacaba la necesidad de una guerra necesaria y breve, que no era contra el pueblo o el simple ciudadano español, sino contra el régimen colonial que oprimía y esclavizaba a la Patria.
Asimismo, el Manifiesto quitaba razones a un posible miedo al negro, echando así por tierra la denigrante campaña racista de los autonomistas y demás enemigos de la independencia. De igual forma, rechazaba toda consideración geopolítica acerca del futuro de Cuba, relacionándolo o integrándolo a los marcos estatales de otra nación, matando así las esperanzas de aquellos soñadores con la anexión a Estados Unidos.
Ell Manifiesto de Montecristi también proclamaba la integración de todos los factores del país y no alentaba el cacicazgo que tanto daño hizo, junto a la envidia, en la contienda del 1878, precisando que el Partido Revolucionario Cubano sería el que desde sus bases, trazaría la ruta a seguir.
El documento aclara que la magna tarea no era fruto de la improvisación, sino obra de dos generaciones que mostraban la unidad y solidez de la Revolución Cubana, lo cual confirmaba la presencia de José Martí, delegado del Partido Revolucionario y Máximo Gómez, designado General en Jefe del Ejército Libertador.
De Montecristi saldría por el mundo ese 25 de marzo de 1895, hace hoy 115 años, el Manifiesto, cuyo contenido, a pesar del tiempo que ha transcurrido, permanece vivo en el corazón de cada cubano y es también un tesoro del patrimonio de nuestra América.
En una humilde y rústica casita de madera y zinc en la localidad de Montecristi, República Dominicana, el 25 de marzo de 1895, José Martí y Máximo Gómez, firmaron e hicieron público uno de los más importantes documentos devenido en piedra angular programática de la Revolución de 1895, iniciada en la isla el 24 de febrero de ese año con el Grito de Baire.
Ese documento, dirigido por el Partido Revolucionario Cubano al pueblo de la isla y conocido históricamente por el Manifiesto de Montecristi, hace hincapié en las razones que justifican y exigían la independencia de Cuba, en tanto que destacaba la necesidad de una guerra necesaria y breve, que no era contra el pueblo o el simple ciudadano español, sino contra el régimen colonial que oprimía y esclavizaba a la Patria.
Asimismo, el Manifiesto quitaba razones a un posible miedo al negro, echando así por tierra la denigrante campaña racista de los autonomistas y demás enemigos de la independencia. De igual forma, rechazaba toda consideración geopolítica acerca del futuro de Cuba, relacionándolo o integrándolo a los marcos estatales de otra nación, matando así las esperanzas de aquellos soñadores con la anexión a Estados Unidos.
Ell Manifiesto de Montecristi también proclamaba la integración de todos los factores del país y no alentaba el cacicazgo que tanto daño hizo, junto a la envidia, en la contienda del 1878, precisando que el Partido Revolucionario Cubano sería el que desde sus bases, trazaría la ruta a seguir.
El documento aclara que la magna tarea no era fruto de la improvisación, sino obra de dos generaciones que mostraban la unidad y solidez de la Revolución Cubana, lo cual confirmaba la presencia de José Martí, delegado del Partido Revolucionario y Máximo Gómez, designado General en Jefe del Ejército Libertador.
De Montecristi saldría por el mundo ese 25 de marzo de 1895, hace hoy 115 años, el Manifiesto, cuyo contenido, a pesar del tiempo que ha transcurrido, permanece vivo en el corazón de cada cubano y es también un tesoro del patrimonio de nuestra América.
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