El cubano es un pueblo agradecido y fiel a los principios de amistad y solidaridad con otros pueblos del mundo que han tenido y tienen igual gesto con nosotros y es por eso, que cada 21 de enero en Cuba se recuerda un aniversario más de la muerte en 1924 de Vladimir Ilich Lenin, ese hombre que con toda justicia fue llamado genial conductor de la clase obrera y creador del primer estado socialista del mundo abriendo para la humanidad una nueva era.
Lenin en su tiempo, no solo supo interpretar la doctrina revolucionaria de Carlos Marx, sino que fue capaz de enriquecerla con su pensamiento y lo más importante, llevarla a la práctica con su acción.
Lenin, incluso, desafió la propia doctrina de Marx que planteaba que la Revolución Socialista Mundial debía comenzar simultáneamente por los países más desarrollados y llevó a su país, Rusia, uno de los más atrasados de entonces, a colocarse a la cabeza del movimiento revolucionario mundial, derrocando a un imperio de siglos, como el zarista, y llevando a la clase obrera y campesina al poder.
Bajo la conducción de Vladimir Ilich Lenin tuvo lugar aquella gloriosa gesta de octubre de 1917 creando un estado multinacional, la Unión Soviética que fue capaz de derrotar la agresión de 14 naciones extranjeras, incluyendo a Estados Unidos, y sobre sus cenizas reconstruir la patria de obreros y campesinos que llegó a convertirse en uno de los países más poderosos del planeta y contrapartida del imperialismo norteamericano.
El ejemplo de Lenin y de la Revolución de Octubre se hizo indetenible y otros hombres y otros pueblos abrazaron el socialismo un sistema que demostró fehacientemente que el capitalismo no era un régimen eterno y que por ley de la historia estaba llamado a desaparecer para dar paso a una sociedad superior para bienestar del hombre.
Lenin murió el 21 de enero de 1924, hace hoy 90 años, y algunos creyeron matarlo para siempre traicionando sus ideas y hacer desaparecer su gran obra que fue la Unión Soviética y el Sistema Socialista que se abría paso, sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial.
Pero se equivocaron los que así pensaron porque hay países y hombres que han mantenido firme la doctrina de Marx y Lenin, demostrando cada vez más que el socialismo es el sistema social superior que necesita el hombre del futuro para alcanzar la plena felicidad. Convencido de que ese día llegará Lenin sonríe y espera.
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martes, enero 21, 2014
miércoles, septiembre 11, 2013
Recuerdan en las montañas de Tercer Frente al Comandante Juan Almeida Bosque
El Cuarto Aniversario de la desaparición física del Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque se conmemoró hoy en el poblado ce Cruce de los Baños en el municipio Tercer Frente.
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domingo, mayo 19, 2013
Martí vive hoy más que nunca
El 19 de mayo de MIL 895, hace hoy 118 años, cayó combatiendo en Dos Ríos por la independencia de Cuba, a la edad de 43 años, José Martí Pérez, a quien con orgullo los cubanos llamamos hoy nuestro Héroe Nacional.
En su breve paso por la vida, Martí fue poeta, escritor, teatrista, ensayista, periodista, crítico literario, doctor, abogado, maestro y filósofo, por lo que ningún conocimiento humano le fue ajeno, contribuyendo a ello notablemente el dominio de varios idiomas.
Pero sobre todo, José Martí fue un soldado de a Revolución y no hubo para él satisfacción más grande ni título más honroso que el grado de Mayor General del Ejército Libertador concedido por Máximo Gómez en plena manigua, el 15 de abril de 1895, con la aclamación de la tropa mambisa cubana.
Y como soldado de la Revolución, Martí no rehuyó el combate aún sabiendo que en el campo de batalla la muerte siempre estaba asechando. Por eso, desoyendo los consejos de muchos y aunque no era un guerrero, regresó a la Patria a luchar por su libertad sin importarle caer. En ese sentido había dicho:
“Yo evoqué la guerra, mi responsabilidad comienza con ella (…) Mi único deseo sería pegarme allí, al último tronco, al último peleador. Morir callado. Para mí ya es hora”
También en otro de sus textos el Apóstol cubano había señalado: “Los muertos no son más que semillas (…) Otros lamentan la muerte necesaria. Yo creo en ella como la almohada, y la levadura, y el tiempo de la vida (…) Morir es seguir viaje”
De igual forma escribiría: “La muerte engrandece cuando se acerca a ella, y jamás vuelven a ser enteramente pequeños los que la han desafiado. La muerte da jefes, la muerte da lecciones y ejemplos”
Apenas unas horas antes de su caída en combate en carta escrita a su amigo mejicano Manuel Mercado Martí le dice: “Yo estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber”. Más adelante agrega: “Se desaparecer. Pero no desaparecerá mi pensamiento, ni me agriaría mi oscuridad”
El mejor homenaje que los cubanos podemos rendir hoy a José Martí en el 118 aniversario de su muerte es mantener viva su Revolución y como él expresara en uno de sus poemas: “Sin miedo al rayo y al trueno / elabora el porvenir”
En su breve paso por la vida, Martí fue poeta, escritor, teatrista, ensayista, periodista, crítico literario, doctor, abogado, maestro y filósofo, por lo que ningún conocimiento humano le fue ajeno, contribuyendo a ello notablemente el dominio de varios idiomas.
Pero sobre todo, José Martí fue un soldado de a Revolución y no hubo para él satisfacción más grande ni título más honroso que el grado de Mayor General del Ejército Libertador concedido por Máximo Gómez en plena manigua, el 15 de abril de 1895, con la aclamación de la tropa mambisa cubana.
Y como soldado de la Revolución, Martí no rehuyó el combate aún sabiendo que en el campo de batalla la muerte siempre estaba asechando. Por eso, desoyendo los consejos de muchos y aunque no era un guerrero, regresó a la Patria a luchar por su libertad sin importarle caer. En ese sentido había dicho:
“Yo evoqué la guerra, mi responsabilidad comienza con ella (…) Mi único deseo sería pegarme allí, al último tronco, al último peleador. Morir callado. Para mí ya es hora”
También en otro de sus textos el Apóstol cubano había señalado: “Los muertos no son más que semillas (…) Otros lamentan la muerte necesaria. Yo creo en ella como la almohada, y la levadura, y el tiempo de la vida (…) Morir es seguir viaje”
De igual forma escribiría: “La muerte engrandece cuando se acerca a ella, y jamás vuelven a ser enteramente pequeños los que la han desafiado. La muerte da jefes, la muerte da lecciones y ejemplos”
Apenas unas horas antes de su caída en combate en carta escrita a su amigo mejicano Manuel Mercado Martí le dice: “Yo estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber”. Más adelante agrega: “Se desaparecer. Pero no desaparecerá mi pensamiento, ni me agriaría mi oscuridad”
El mejor homenaje que los cubanos podemos rendir hoy a José Martí en el 118 aniversario de su muerte es mantener viva su Revolución y como él expresara en uno de sus poemas: “Sin miedo al rayo y al trueno / elabora el porvenir”
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martes, junio 19, 2012
Doña Leonor: su muerte
Enferma y ciega, pobre y olvidada, falleció en La Habana un día como hoy 19 de junio, pero de 1907, Doña Leonor Pérez y Cabrera, la madre del Héroe Nacional Cubano José Martí, quien nunca se sobrepuso al dolor de la pérdida de su único hijo varón, “su Pepe”, como ella le llamaba cariñosamente.
Doña Leonor era de origen español, al igual que Don Mariano Martí, el padre del Apóstol, pero ella sentía temores por la actividad revolucionaria del hijo, lo cual le criticó en no pocas ocasiones, porque en él tenía cifradas sus esperanzas para el sostén de la familia, es decir, ella y siete hijas hembras.
Pero José Julián siempre trataba de calmarla y hacerle comprender que su deber era luchar por la independencia de la Patria donde había nacido y por eso decía: “¿De quién aprendí yo mi entereza y rebeldía, o de quién pude heredarla, sino de mi padre y de mi madre…?”
La muerte de martí el 19 de mayo de 1895 fue un duro golpe para Leonor. En lo adelante todo sería para ella una creciente agonía pues en los años siguientes fallecieron tres de sus hijas y varios de sus nietos lo que agudizó más su dolor, a lo cual se unió la miseria que arrastraba la familia.
Durante varios años Doña Leonor residió en Estados Unidos y regresó a Cuba en 1898 para ser testigo de la derrota de España y de la intervención norteamericana a la Isla, así como la traición de Estrada Palma, quien disolvió el Partido Revolucionario fundado por su hijo José Martí para encabezar la lucha independentista.
Asediada por la pobreza, enferma más del alma que del cuerpo, a Doña Leonor le sorprendió la muerte sentada en la casa de su hija Amalia en La Habana, el 19 de junio de 1907 a la edad de 78 años.
Las autoridades intervencionistas yanquis pretendieron costear las honras fúnebres con la cual querían lavar la mancha del estado de abandono en que sumieron a la madre del Héroe Nacional Cubano. Pero fue el verdadero pueblo de Cuba el que acudió masivamente a su sepelio acompañándola hasta su última morada, en la necrópolis capitalina, desde donde hoy su corazón de madre 105 años después contempla orgullosa la obra revolucionaria de su amado Pepe hecha realidad.
Doña Leonor era de origen español, al igual que Don Mariano Martí, el padre del Apóstol, pero ella sentía temores por la actividad revolucionaria del hijo, lo cual le criticó en no pocas ocasiones, porque en él tenía cifradas sus esperanzas para el sostén de la familia, es decir, ella y siete hijas hembras.
Pero José Julián siempre trataba de calmarla y hacerle comprender que su deber era luchar por la independencia de la Patria donde había nacido y por eso decía: “¿De quién aprendí yo mi entereza y rebeldía, o de quién pude heredarla, sino de mi padre y de mi madre…?”
La muerte de martí el 19 de mayo de 1895 fue un duro golpe para Leonor. En lo adelante todo sería para ella una creciente agonía pues en los años siguientes fallecieron tres de sus hijas y varios de sus nietos lo que agudizó más su dolor, a lo cual se unió la miseria que arrastraba la familia.
Durante varios años Doña Leonor residió en Estados Unidos y regresó a Cuba en 1898 para ser testigo de la derrota de España y de la intervención norteamericana a la Isla, así como la traición de Estrada Palma, quien disolvió el Partido Revolucionario fundado por su hijo José Martí para encabezar la lucha independentista.
Asediada por la pobreza, enferma más del alma que del cuerpo, a Doña Leonor le sorprendió la muerte sentada en la casa de su hija Amalia en La Habana, el 19 de junio de 1907 a la edad de 78 años.
Las autoridades intervencionistas yanquis pretendieron costear las honras fúnebres con la cual querían lavar la mancha del estado de abandono en que sumieron a la madre del Héroe Nacional Cubano. Pero fue el verdadero pueblo de Cuba el que acudió masivamente a su sepelio acompañándola hasta su última morada, en la necrópolis capitalina, desde donde hoy su corazón de madre 105 años después contempla orgullosa la obra revolucionaria de su amado Pepe hecha realidad.
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viernes, febrero 03, 2012
Primer fracaso de la obsesiva política de eliminar a Fidel Castro
Por Margarita Piedra Cesar
Bajo el título "Intentaba dar muerte al líder Fidel Castro", el 3 de febrero de 1959, hace hoy 53 años, el periódico Revolución publicaba en su primera página detalles de la detención del ciudadano norteamericano Alan Robert Nye, ex-agente secreto del FBI, quien había llegado a Cuba con el propósito de eliminar físicamente al Comandante en Jefe, Fidel Castro.
Este individuo llegó a La Habana el 12 de noviembre de 1958 y se puso en contacto con personeros militares del régimen dictatorial de Fulgencio Batista, quienes le ofrecieron unos 60 mil dólares para matar a Fidel en la Sierra Maestra, 10 mil de los cuales se le entregó de forma adelantada y los 50 mil restantes se le depositarían en una cuenta bancaria una vez cumplida la misión.
El 20 de diciembre de 1958, Alan Robert llegó en una avioneta a las proximidades de Bayamo y en esa ciudad constató con las autoridades militares, quienes facilitaron su infiltración en territorio liberado, cerca del poblado de Santa Rita, por donde se encontraba Fidel en esos momentos, dirigiendo la ofensiva final contra la dictadura batistiana.
Sin embargo, Alan Robert fue sorprendido por una patrulla del Ejército Rebelde y detenido, ocupándosele un fusil con mira telescópica y un revólver calibre 38, así como abundante parque para ambos armamentos. No obstante manifestar su intención de unirse a las tropas rebeldes, este individuo se hizo sospechoso y se le remitió a un campamento en la Sierra Maestra hasta tanto se aclarase su situación.
Al producirse el triunfo de la Revolución el primero de enero de 1959, Alan Robert Nye fue trasladado hacia La Habana, la capital cubana, en calidad de detenido. Las investigaciones realizadas en esos momentos por la Policía Nacional revolucionaria arrojaron que las verdaderas intenciones de este individuo eran la de asesinar al Comandante en Jefe Fidel Castro, con el objetivo de neutralizar el triunfo revolucionario.
Por este hecho, el ciudadano norteamericano Alan Robert Nye fue juzgado y sancionado por los tribunales revolucionarios y posteriormente expulsado del país.
De esa forma abortaba el primero de los más de 630 intentos de eliminar físicamente a Fidel, desde el mismo triunfo de la Revolución hasta nuestros días, una política obsesiva empleada por los gobiernos de Estados Unidos y que siempre han terminado en un rotundo fracaso.
Bajo el título "Intentaba dar muerte al líder Fidel Castro", el 3 de febrero de 1959, hace hoy 53 años, el periódico Revolución publicaba en su primera página detalles de la detención del ciudadano norteamericano Alan Robert Nye, ex-agente secreto del FBI, quien había llegado a Cuba con el propósito de eliminar físicamente al Comandante en Jefe, Fidel Castro.
Este individuo llegó a La Habana el 12 de noviembre de 1958 y se puso en contacto con personeros militares del régimen dictatorial de Fulgencio Batista, quienes le ofrecieron unos 60 mil dólares para matar a Fidel en la Sierra Maestra, 10 mil de los cuales se le entregó de forma adelantada y los 50 mil restantes se le depositarían en una cuenta bancaria una vez cumplida la misión.
El 20 de diciembre de 1958, Alan Robert llegó en una avioneta a las proximidades de Bayamo y en esa ciudad constató con las autoridades militares, quienes facilitaron su infiltración en territorio liberado, cerca del poblado de Santa Rita, por donde se encontraba Fidel en esos momentos, dirigiendo la ofensiva final contra la dictadura batistiana.
Sin embargo, Alan Robert fue sorprendido por una patrulla del Ejército Rebelde y detenido, ocupándosele un fusil con mira telescópica y un revólver calibre 38, así como abundante parque para ambos armamentos. No obstante manifestar su intención de unirse a las tropas rebeldes, este individuo se hizo sospechoso y se le remitió a un campamento en la Sierra Maestra hasta tanto se aclarase su situación.
Al producirse el triunfo de la Revolución el primero de enero de 1959, Alan Robert Nye fue trasladado hacia La Habana, la capital cubana, en calidad de detenido. Las investigaciones realizadas en esos momentos por la Policía Nacional revolucionaria arrojaron que las verdaderas intenciones de este individuo eran la de asesinar al Comandante en Jefe Fidel Castro, con el objetivo de neutralizar el triunfo revolucionario.
Por este hecho, el ciudadano norteamericano Alan Robert Nye fue juzgado y sancionado por los tribunales revolucionarios y posteriormente expulsado del país.
De esa forma abortaba el primero de los más de 630 intentos de eliminar físicamente a Fidel, desde el mismo triunfo de la Revolución hasta nuestros días, una política obsesiva empleada por los gobiernos de Estados Unidos y que siempre han terminado en un rotundo fracaso.
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