Mostrando entradas con la etiqueta vida. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta vida. Mostrar todas las entradas

viernes, julio 12, 2019

Mariana Grajales consagró la vida a la lucha por la independencia

Nacida el 12 de julio de 1815, hace hoy 204 años, Mariana Grajales Cuello fue una mujer de excepcionales virtudes morales y patrióticas que supo trasladar a su familia como una leona transmite a sus cachorros toda la fuerza y la firmeza con que deberían actuar en la vida.

Se recuerda que a pocos días de iniciada la Guerra de los 10 Años, en octubre de 1868, Mariana vio partir a su esposo Marcos y sus hijos José, Justo y Antonio para marchar a la contienda, pero antes reunió a toda la familia y les hizo jurar ante una imagen de Cristo luchar por la Patria o morir por ella.

En este período Mariana ya con 60 años de edad se incorporó a la guerra como enfermera y soldado. Sin miedo veía a sus hijos cargar al machete contra el enemigo y ello le causaba una inmensa alegría.

Fueron muchos los dolores que soportó Mariana durante la guerra, dolores del alma, porque vio morir a su esposo y dos de sus hijos y ante el cadáver de uno de ellos le dijo a su vástago más pequeño: “La Patria es la madre de todos, un hijo debe sustituir al otro en la guerra”

Ese valor, coraje y espíritu que enseñó e inculcó a sus hijos fueron lecciones bien aprendidas por ellos, porque todos se incorporaron a la lucha por la independencia contra España y varios de ellos perdieron sus vidas durante la misma.

Terminada la guerra grande, Mariana marchó al exilio en Jamaica junto a su hijo Antonio. En esa tierra ajena a la suya la sorprendió la muerte física el 27 de noviembre de 1895 a la edad de 85 años.

Hoy a 204 años del natalicio de Mariana Grajales Cuello, los cubanos la recordamos en la Patria libre que ella añoró, la que sus hijos no pudieron entregarle y le juramos mantenerla siempre libre o morir por ella.

lunes, junio 17, 2013

Máximo Gómez y su ejemplar vida

Ciento ocho años atrás el 17 de junio de 1905, alrededor de las seis de la tarde, el médico de Máximo Gómez anunciaba: "El general ha fallecido".

Momento supremo aquel para la patria. Triste y doloroso instante para el pueblo cubano, cuando dejó de latir aquel corazón que durante 79 años había anhelado lo mejor para el hombre: la libertad.

Máximo Gómez Báez había nacido el 18 de noviembre de 1936 en Baní, República Dominicana y de joven, cambió sueños e ilusiones por la vida de militar donde conoció el dolor de la guerra, en el enfrentamiento de su país con el Haití vecino, un conflicto que lo decepcionó.

Fue por ello, que en 1865 Gómez llegó a Santiago de Cuba a bordo de una goleta en busca de fortuna, como otros tantos. Se asentó en El Dátil, cerca de Bayamo, y se dedicó a negocios de madera y actividades agrícolas.

En su visita a un incendio de la zona, conoció de cerca la esclavitud y desde entonces, juró luchar por la libertad de los negros y contra la esclavitud de los blanco.

Es así, que tras el estallido revolucionario del 10 de octubre de 1868, en La Demajagua, Máximo Gómez se incorpora a las tropas de Carlos Manuel de Céspedes, a quien brinda su experiencia militar. Fue él quien enseñó a los cubanos a usar el machete como arma de guerra.

Con esta guerra le nacía a aquel joven dominicano una nueva patria y a esta, un guerrero intachable y un jefe militar necesario. Fue por eso que al reiniciarse en 1895 la nueva contienda por la independencia, Máximo Gómez Báez es nombrado General en Jefe del Ejército Libertador.

Durante las guerras del 68 y el 95 no hubo combates importantes que no estuviesen vinculados al nombre de Máximo Gómez y sobre todo, la hazaña militar que fue la invasión de Oriente a Occidente, llevada a cabo junto a Antonio Maceo.

Máximo Gómez Báez, como el mismo dijera, fue un perdonado sublime de la muerte, porque noventa veces escapó de ella en los más duros y difíciles combates de las dos guerras.

Más aquella tarde del 17 de junio de 1905, la muerte le llegó en su lecho, tan vez pensando hasta el último instante, que mejor hubiese preferido morir en la gloria de la lucha, antes que ver la patria traicionada y con una República que no fuera de todos y para el bien de todos. Por eso, la Patria que el quiso, hoy se la brindamos, junto al recuerdo de su ejemplar vida.

miércoles, diciembre 19, 2012

Huracán de vida, así le llamaron

Al soldado desconocido cubano, caído en la lucha antifascista en España, el poeta Miguel Hernández dedicó estos versos:

"Nunca se pondrá el sol sobre tu frente,
heredará tu altura la montaña
y tu valor el toro del bramido.
De una forma vestida de preclara,
has perdido las plumas y los besos,
con el sol español puesto en la cara
y el de Cuba en los huesos"

Y esos versos puede haberlos inspirado ese cubano que un día marchó a tierras españolas cumpliendo un sagrado deber internacionalista y que el 19 de diciembre de 1936 fue encontrado muerto en un barranco del cerro madrileño de Majadahonda, con un balazo en el pecho que le atravesó el corazón.

Ese soldado desconocido cubano tenía su nombre y apellidos: Pablo de la Torriente Brau, quien habiendo nacido en Puerto Rico el 12 de diciembre de 1901, pasó su niñez y adolescencia en Santiago de Cuba, de donde le vino tempranamente la rebeldía.

Por eso y a pesar de sus extraordinarias condiciones como periodista y escritor, no vaciló en incorporarse a la lucha contra el régimen tirano de Gerardo Machado, por lo cual fue a presidio en Isla de Pinos, lo que le permitió narrar en algunas de sus obras la terrible odisea de los que de una u otra forma eran enviados a ese llamado "Presidio Modelo"

Como periodista y escritor dejó numerosas crónicas, relatos y cuentos que todavía son reflejo exacto de la Cuba del General Machado y también de la primera dictadura del General Batista.

Refiriéndose a sus condiciones como intelectual y revolucionario, su amigo Raúl Roa lo llamó "un huracán de vida" y dijo que era, "el mejor talento frustrado de la Generación del Treinta"

Obligado a marchar a un amargo exilio, en Estados Unidos, Pablo de la Torriente Brau viajó a España en 1936 como corresponsal de la Revista "New Messer" y del periódico mejicano "El Machete", funciones que cumplió pero también la de su deber como voluntario antifascista.

Al encontrar la muerte en el cerro madrileño de Majadahonda el 19 de diciembre de 1976, Pablo de la Torriente Brau recién había cumplido los 35 años de edad. Setenta años después es justo que le recordemos con el epitafio que entonces le dedicó el poeta español, Miguel Hernández: "No temáis que se extinga su sangre sin objeto, porque este es de los muertos que crecen y se agrandan aunque el tiempo devaste su gigante esqueleto".