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miércoles, diciembre 19, 2012

Huracán de vida, así le llamaron

Al soldado desconocido cubano, caído en la lucha antifascista en España, el poeta Miguel Hernández dedicó estos versos:

"Nunca se pondrá el sol sobre tu frente,
heredará tu altura la montaña
y tu valor el toro del bramido.
De una forma vestida de preclara,
has perdido las plumas y los besos,
con el sol español puesto en la cara
y el de Cuba en los huesos"

Y esos versos puede haberlos inspirado ese cubano que un día marchó a tierras españolas cumpliendo un sagrado deber internacionalista y que el 19 de diciembre de 1936 fue encontrado muerto en un barranco del cerro madrileño de Majadahonda, con un balazo en el pecho que le atravesó el corazón.

Ese soldado desconocido cubano tenía su nombre y apellidos: Pablo de la Torriente Brau, quien habiendo nacido en Puerto Rico el 12 de diciembre de 1901, pasó su niñez y adolescencia en Santiago de Cuba, de donde le vino tempranamente la rebeldía.

Por eso y a pesar de sus extraordinarias condiciones como periodista y escritor, no vaciló en incorporarse a la lucha contra el régimen tirano de Gerardo Machado, por lo cual fue a presidio en Isla de Pinos, lo que le permitió narrar en algunas de sus obras la terrible odisea de los que de una u otra forma eran enviados a ese llamado "Presidio Modelo"

Como periodista y escritor dejó numerosas crónicas, relatos y cuentos que todavía son reflejo exacto de la Cuba del General Machado y también de la primera dictadura del General Batista.

Refiriéndose a sus condiciones como intelectual y revolucionario, su amigo Raúl Roa lo llamó "un huracán de vida" y dijo que era, "el mejor talento frustrado de la Generación del Treinta"

Obligado a marchar a un amargo exilio, en Estados Unidos, Pablo de la Torriente Brau viajó a España en 1936 como corresponsal de la Revista "New Messer" y del periódico mejicano "El Machete", funciones que cumplió pero también la de su deber como voluntario antifascista.

Al encontrar la muerte en el cerro madrileño de Majadahonda el 19 de diciembre de 1976, Pablo de la Torriente Brau recién había cumplido los 35 años de edad. Setenta años después es justo que le recordemos con el epitafio que entonces le dedicó el poeta español, Miguel Hernández: "No temáis que se extinga su sangre sin objeto, porque este es de los muertos que crecen y se agrandan aunque el tiempo devaste su gigante esqueleto".

lunes, noviembre 12, 2012

Después del paso de Sandy



La falta de electricidad y de conectividad nos había impedido hasta ahora abordar el tema más importante de las últimas semanas para los medios de difusión en Cuba y particularmente, en Santiago de Cuba, ciudad que fue azotada en la madrugada del 25 de noviembre por el huracán Sandy con vientos sostenidos de más de 100 kilómetros por hora y rachas de hasta 165 kilómetros.

Puede decirse con toda seguridad que las imágenes apreciadas por los santiagueros en esa fatídica mañana del 25 de noviembre fueron dramáticas porque en poco más de tres horas los azotes de Sandy  prácticamente devastaron la ciudad, derribando miles de árboles, postes eléctricos y telefónicos, cristales de comercios e instituciones, así como miles de viviendas con derrumbe total o parcial, fundamentalmente los techos de zinc o tejas y lo mas lamentable, la pérdida de 9 vidas humanas, incluyendo un niño de apenas meses de nacido.

Pero si un huracán de viento y lluvia devastó la ciudad de Santiago de Cuba, otro huracán más poderoso de voluntad y heroísmo, tan solo unas horas después, se dio a la tarea de la recuperación y hoy, transcurridos 18 días, puede asegurarse que Santiago de Cuba ,como el ave fénix ha renacido de sus cenizas y muestra una imagen distinta a la del 25 de noviembre, mientras que su gente irradia optimismo con la certeza de que en breve tiempo la ciudad volverá a ser la de siempre: alegre, hospitalaria y heroica.

Miles de cubanos de otras regiones del país acudieron de inmediato a Santiago de Cuba para cooperar con su pueblo a la recuperación de los daños causados por este ciclón y han trabajado y trabajan durante largas jornadas en las avería eléctricas y telefónicas en casi todos los barrios de la ciudad, devolviéndoles esos importantes servicios a la población en tiempo record, aunque todavía la labor seguirá siendo ardua por varios días más.

Mención de honor merecen los combatientes del Ejército Oriental que por miles han tenido la misión de limpiar de restos de árboles, escombros y otros desechos dejados por el paso del ciclón y gracias al esfuerzo de estos soldados de la Revolución, hoy Santiago puede mostrar una nueva imagen.

La solidaridad tampoco ha faltado y numerosos mensajes de aliento han sido recibidos en la provincia y muchos países, encabezados por Venezuela han hecho llegar a los santiagueros ayuda material para contribuir a mitigar un tanto las pérdidas causadas por el poderoso huracán Sandy, que será a partir de ahora de triste recordación para los santiagueros y los hermanos de otras provincias orientales afectadas como Guantánamo y Holguín.

No puede decirse que el huracán Sandy ya es historia, porque el capítulo final lo está escribiendo todavía el pueblo y demás cubanos que nos acompañan, pero puedo estar segura que el final será de victoria en la épica batalla de que Santiago vuelva a ser la ciudad heroica de todos los cubanos.